31 mayo 2010

La secreta Sevilla Sacramental


Para qué vamos a engañarnos, los más extremos rancios hispalenses –como gusta llamarnos don Francisco Robles, colaborador que fue de esta casa- no esperamos ansiosos, pasada la Semana Santa, la llegada de los días de farolillos. Acaso algunos, llamados desde niños por la devoción al toro y a la fiesta de las fiestas –le pese a quien le pese- que gira en torno a él, disfrutamos de esas tibias tardes de abril en una plaza, con arcos encalados y albero de Alcalá, que podría proclamarse alegremente como la más hermosa del mundo; pero poco más. El rancio hispalense, perdida en su memoria la trasera del último palio y matado el gusanillo con los primeros pasos de las glorias clásicas con sabor a sus barrios de siempre (Salud, Alegría, Pastora...), sueña el reencuentro con una de las más secretas ciudades que caben en el corazón de la nuestra: la ciudad de Dios en su estado más puro; la Sevilla Sacramental; tan íntima a veces como encantadora, tan real en nuestras calles como atemporal.
Alguna que otra vez hemos hablado, en estas mismas curiosidades sevillanas, de la procesión del Corpus catedralicio (jueves 3 de junio la cita de este año), e incluso hemos cubierto, a través de nuestras distintas cabeceras, la información relativa a los otros Corpus –los de los barrios- que tanto proliferan últimamente. Sin embargo, nunca hemos hecho referencia alguna a esos encuentros, la mayor parte de las veces sorpresivos, con Jesús Sacramentado bajo palio, cualquier mañana de domingo primaveral, en la angostura de las viejas calles del centro, o entre la altura de las torretas residenciales de los barrios periféricos. Soy un enamorado de la procesión del Corpus Christi, de sus vísperas, de la tarde solitaria y aletargada que queda tras su paso, alfombrado de juncia y romero, y en la que para mí siempre nació el verano... Pero el más auténtico encuentro con este Dios temprano siempre lo disfruté, desde que tuve uso de razón, en una procesión de impedidos. De niño en la de San Lorenzo, de la mano de mis abuelos y mis tíos: mañana murubesca por los patios de la calle Santa Clara, colchas en los balcones, pétalos de flores, sones de Tejera... Algo mayor y desde entonces, en mi propia casa, con el sonido de la campanilla que abre el cortejo y de los tambores de la Cruz Roja despertándonos y sacándonos de la cama en busca del balcón: la Divina Majestad de San Nicolás discurriendo por la estrechez solitaria de Almirante Hoyos. El Señor hecho Pan acudiendo en auxilio de quienes más le necesitan...
No en todas partes, como señalábamos, pero sí en muchas zonas de la ciudad, las procesiones de impedidos han pasado a mejor vida para dar lugar a Corpus chicos con sus correspondientes pasitos, al estilo del histórico de Triana y del ya tradicional de la Magdalena, tan diferentes y tan maravillosos. Ambos salen a la calle en la mañana del domingo, día de la celebración litúrgica del Corpus Christi, pese a que nuestra ciudad –como Granada y Toledo- mantenga su procesión mayor en la mañana del jueves previo, y constituyen, sin ninguna duda, una cita imprescindible para sevillanos sensibles. Volviendo a las procesiones con el Santísimo bajo palio, bien es cierto que los usos y costumbres han cambiado hasta en la enfermedad y que quizá por ello, en gran parte, han perdido su sentido. Sin embargo, esto no es óbice para que aquellas sacramentales –puras o fusionadas con hermandades penitenciales o gloriosas- que aún las organizan, las mantengan en las calles de sus feligresías. Con ello, además de acercar al Dios de los Sagrarios, se mantiene un retazo de la Sevilla inmaterial que tanto amamos.

24 mayo 2010

Gracias, torero


Apenas tengo tiempo para dejar unas líneas, pero es que además sobran las palabras.
Simplemente gracias, torero. Gracias por estos regalos inolvidables que nos haces. Gracias por acercarme a ese Rafael Divino del que tanto escuché hablar desde niño...
Hoy me siento aún más orgulloso de llevar esa sangre Ortega que hace 90 años, en la muerte de José, tiñó por siempre el río cuando viene por Gelves... Hoy me siento más orgulloso de que seas mi torero, un torero de época al que la historia de la Fiesta situará en lo más alto, muy cerquita de todos esos grandes de ayer que caben en tus trastos cada tarde.

18 mayo 2010

Violencia

Qué curioso, así celebran algunos los éxitos futbolísticos en la misma ciudad en que se debate la prohibición de las corridas de toros. No sé por qué me da que gran parte de estos energúmenos son los mismos que se escandalizan por la "violencia" de la Fiesta. Por si no hubiese suficientes motivos para tomarlos a pitorreo, ahí queda otro.

Pd: mi enhorabuena a todos los culés civilizados (excluyendo a Laporta entre otros). También a esos poquitos por estos lares que sentimos al Barcelona como nuestro segundo equipo.

28 abril 2010

Apuntes maestrantes 2010 (y II)


El viernes me pegué el traguito de tener que escuchar por la radio –magníficas un año más las retransmisiones de Paquito García y Dávila- como El Juli le formaba sendos tacos a sus dos toros de El Ventorrillo, alcanzando su primera Puerta del Príncipe, por si a alguien le cabía aún la duda de que es el que manda en esto. Me hubiese cambiado por cualquiera de los que se empapaban en los tendidos. El domingo, tres cuartos de lo mismo con Manzanares. Para colmo, en esta ocasión andaba dando un paseo con Ana por la orilla del río, lo cual al menos nos permitió apresurar el paso y colarnos en la plaza para ver al alicantino dar la vuelta al ruedo con la oreja cortada al último de El Pilar.
Al día siguiente, gracias a mi compadre y a los amigos almerienses de la asociación Puerta Grande, con quienes espero compartir tarde de toros y merienda por agosto, en la Feria de la Virgen del Mar, sí que pude asistir a la mansada de Gavira. Quedaba feo que pasara la Feria sin acudir a una de las citas de uno de mis toreros. Mucha gente querida en el bar de Ventura –el alguacilillo- antes de entrar, la Maestranza llena a rebosar y el sol acariciando, sin llegar a castigar, los tendidos de la plaza más hermosa del mundo, pero ahí quedó la cosa. Lotes imposibles los de Morante y Luque, de los que hablaré más tarde, y algo más colaborador –con uno en noblote y otro en manso- el de Alejandro Talavante, que cumplió y de no haber fallado con los aceros habría cortado una oreja a cada toro.
El lunes vi la corrida pero por la tele, rodeado de parroquianos autóctonos del Gran Tino de la Alfalfa. Impresentable lo de Jandilla, como cabía esperar en el debut como matador de toros en Sevilla de Cayetano. Para colmo, sólo sirvió un toro, el primero, al que Aparicio –fíjense cómo sería el animalito- incluso le pegó un par de verónicas de buena factura y una media apaulada con mucho sabor. La mala suerte para Julito fue que Morante le replicó, dejándose desabrochar el chalequillo de un pitonazo a mitad del quite. Lo del quinto de la tarde, un sobrero de Javier Molina que sabía latín, fue como lo del año pasado con el toro cabrón de Juan Pedro; habrá quien lo quiera ver y quien no, pero supuso la reivindicación, una vez más, de que Morante de la Puebla es el torero artista con más valor y técnica que han conocido las generaciones actuales. Cayetanito pegó dos buenas estocadas a sus novilletes y se marchó tan impoluto como llegó a la plaza –tarde por cierto- con su traje blanco y plata, para qué vamos a hablar más...
Lo del martes, a priori uno de los carteles más rematados del abono, fue toda una delicia para los sentidos. Qué manera de torear la de El Juli al excelente cuarto de Torrealta, qué manera de arrastrar la muleta, de improvisar, de saber siempre lo que es más conveniente ante la cara del toro... ¿De verdad este torero es el mismo que me aburría año tras año en Sevilla y en El Puerto? Faena maciza, dos orejas inapelables. Yo no sé cómo sería lo del viernes, pero lo que yo vi cuatro días después difícilmente lograré olvidarlo. Y Manzanares... ¡qué pedazo de torero! Sólo recuerdo haber visto torear dos veces así de despacio y así de bonito: la primera a Morante en la pasada Feria de Málaga, cuando acudimos a verle reaparecer tras la cornada de El Puerto; la segunda el otro día al Manzana en su primer toro. La cosa no quedó ahí: en el quinto, que tenía toda la guasa del mundo, Josemari sacó la casta y el valor sin aspavientos para cuajar a un toro que parecía imposible. Con todos mis respetos y mis mejores deseos para ese buen torero que se recupera en México de un cornalón de caballo, esto y lo del día anterior también es jugársela sin contemplaciones y en mi opinión de una forma mucho más cercana a los principios básicos del toreo, los cuales nunca fueron parejos a la locura y el sufrimiento del espectador, más bien todo lo contrario. El pobre Luque anduvo por allí frente a los dos colosos. Tanto él como los que le encumbraron el pasado año –la empresa entre otros muchos- deberían tomarse las cosas con más calma. Las prisas, como habrá podido comprobar el chaval de Gerena, difícilmente traen buenos resultados.
El domingo, recién regresado de mi retiro granadino, cumplí con el rito de la siempre apasionante miurada, flojita de remos pero con un par de toros interesantes. Al bueno del Fundi lo vi más reservón que nunca, lo cual tiene su lógica con lo que pasó el pasado año. Tardó mucho en acoplarse con el cuarto, que ni por asomo parecía de Miura en su comportamiento. Finalmente lo hizo, logrando incluso muletazos limpios y de buena factura (cosa harto complicada de ver en esta anual cita). Pinchó, lo que le privó de cortar una merecida oreja. Lo mismo le ocurrió a Rafaelillo, que estuvo hecho un auténtico tío con el sexto, al que por poco ve irse al corral. Padilla, con el peor lote –sobrero del Conde de la Maza incluido- y con menos predisposición que otros años, quedó prácticamente inédito, excepción hecha del recibo de capa al segundo, en el que sorprendió con unas verónicas y una media muy estéticas.
Para terminar, y aunque no los vi, un apunte sobre tres toreros: Castella, Perera y El Cid. Del primero, pese a no ser una de mis grandes pasiones, me esperaba mucho más. Al toro de la Feria le cortó sólo una oreja, eso tratándose de una figura lo dice todo. Lo de Perera no me sorprende, era más que evidente –menos para la empresa y sus mentores- que no era el año para venir tres tardes. Algo parecido ocurre con El Cid, si bien, porque nos duele mucho más, cabe una reflexión más profunda: el torero no está, como no estuvo en todo el pasado año. Por su parte toca reconocerlo y aceptarlo de una vez por todas para buscar las soluciones pertinentes; por la nuestra respetarlo. Quien pita a El Cid en Sevilla es un impresentable. Que nadie olvide lo que nos dio este hombre, cuando quienes ahora nos vuelven locos ni estaban ni se les esperaba.

26 abril 2010

Apuntes maestrantes 2010 (I)


Como cada año, desde hace unos cuantos, me dispongo ante la blanca pantalla del ordenador a reflexionar sobre aquello que he tenido la oportunidad de ver –y no siempre de disfrutar- en mis tardes de toros en la Real Maestranza, que este año han sido hasta seis. Sigo soñando pues con el día en que logre abonarme, por mi propio bolsillo, a mi querida grada 4, ahora tras la reforma rebautizada como sol alto del 8. Ahí va una primera entrega.
Me estrené en la del sábado posterior a Resurrección, corrida seria y astifina de Pereda-La Dehesilla, que por su lejanía comienza a perdérseme en la memoria. Me gustaron contados apuntes de Miguel Ángel Delgado, que ojalá funcione algo más este año con sus nuevos apoderados, y fundamentalmente lo bien que lo hizo todo el albaceteño Miguel Tendero, que malogró con los aceros lo mucho interesante que mostró ante sus dos oponentes. Salvador Vega simplemente pasó por aquí, demostrando un año más lo que pudo ser y no fue.
Dos días después tuve la suerte de asistir a la corrida del Conde de la Maza, de las más interesantes de la Feria, con un Oliva Soto que tuvo al alcance de su mano la Puerta del Príncipe y tras ella un buen número de contratos que, ojalá me equivoque, se esfumaron tal y como pudieron llegar tras su fallo a espadas. Apuntó varios detalles en su primero, al que cortó una generosa oreja, la cual reafirmó con su actuación, llena de muletazos hondos, sobre todo por el pitón derecho, y bellísimos adornos ante el quinto, un toro extraordinario, pero que como buen condeso tuvo mucho que torear y más para un chaval con sólo dos corridas –ambas en Sevilla- a sus espaldas en sus casi dos años de alternativa. Torero, si se presenta otra como ésta, que ojalá, hay que matar después de estar hecho un tío. Al margen, Diego Urdiales dejó buena muestra de su oficio a lo largo de toda la tarde, principalmente ante el cuarto, y Antonio Nazaré, con el lote menos colaborador, quedó prácticamente inédito.
Dos días después me tragué al tostonazo de la de El Torreón, una tarde que no tuvo más emotividad que la de la presencia, digna de alabar y premiada por la plaza con una cerrada ovación antes de la salida del primero, de Antonio Barrera (de negro y oro), cuyo padre se encontraba por aquellas horas de cuerpo presente. El buen torero sevillano topó con un lote infumable, caso contrario al de Bolívar, al que se le fue con las orejas puestas el repetidor segundo, y de Salvador Cortés, un torero que por muchas vueltas que le doy no logro entender cómo ha podido abrir la puerta grande de Sevilla, por dos veces además, sin saber colocarse, cruzarse con los toros ni adelantar jamás la pierna contraria.

14 abril 2010

Mis momentos mágicos


-La cofradía de San Roque –en especial su Virgen de Gracia y Esperanza- recién salida, envuelta en el ambiente popular de las primeras horas de la tarde del Domingo de Ramos. Inolvidables los momentos vividos en la delantera del palio, disfrutando y alentando a través de los respiraderos la forma de andar de su cuadrilla, elegante pero con gracia, como corresponde a un paso de ese corte. Que tomen nota algunos. Las vías para los trenes.
-El regreso a casa de las Penas, a través de un recorrido inusual, en la accidentada noche del Lunes Santo. Tras tres años consecutivos viéndola desde fuera disfruté más que nunca de mi hermandad en la calle. Entre los naranjos de Cardenal Cisneros, caminando junto a la Virgen de los Dolores (tan ligada a mis recuerdos y mis devociones), volví a sentir, tras mucho tiempo sin hacerlo, ese pellizco que hace casi tres lustros me llevó a San Vicente. Para colmo, lo viví junto a mi hermano, con quien tan pocos pasos suelo ver a lo largo de la Semana pese a nuestra común afición por los mismos.
-Una vez más, el regreso por la antigua calle Oriente de la cofradía de San Benito. Sin duda no ha sido el año en que más he disfrutado del primero de sus pasos; pero allí, sin avisarnos previamente, volvimos a reencontrarnos numerosos amigos que sólo coincidimos durante la Semana Santa en esas últimas horas de la noche del Martes Santo y en ese punto exacto.
-El contraste entre mis dos cofradías favoritas del Miércoles Santo, jornada que disfruté más que otros años. San Bernardo a la ida, en esta ocasión –gracias a mi pereza por salir a buscarla, como siempre, en la bajada del puente- por la Alfalfa, con su crucificado abrazando el sol de la tarde meridiana de la Semana Santa. Horas más tarde, el Cristo de Burgos de regreso por su plaza, algo que pese a haberlo contemplado mil veces no me perdería salvo causa de fuerza mayor: silencio, recogimiento, las marchas fúnebres de siempre y una dolorosa que mientras más la miro más me cautiva.
-La Virgen de la Victoria de las Cigarreras, que me hizo vivir los instantes más inolvidables de esta Semana Santa tras cinco años bajo su palio. La busqué por donde más la disfruté como costalero: Miguel de Mañara, Contratación, San Gregorio... No soy propenso a exteriorizar este tipo de emociones, pero durante el largo rato en que la estuve contemplando se me humedecieron los ojos y un nudo en la garganta me impedía hablar y acercarme a saludar a mis capataces y mis compañeros. La mano que agarraba fuerte la mía lo sabe mejor que nadie...
-La cofradía de la Exaltación –vulgo los Caballos- con cuyo reencuentro soñé durante toda la Cuaresma. Aún más completa de lo que la recordaba en mis últimos Jueves Santos como espectador. Impresionante su popular misterio y con un paso palio –tristemente desconocido por muchos cofrades- cuya sevillanía atrapa y hace olvidar el reloj y los planes horarios.
-La Esperanza, saludada por el sol a su llegada al Espíritu Santo; sonriendo por segundos en alguno de sus mil perfiles; venciendo mi cansancio y mis malos humores del Viernes por la mañana; permitiéndome que la persiguiera por San Juan de la Palma, como un niño lo hace con su madre, hasta sentir la primera gran nostalgia, perdida la trasera de su palio en la embocadura de Feria...
-El Viernes Santo al completo, con permiso del Domingo y el Jueves, el día más hermoso de la Semana Santa. Desde la anochecida azul de la Carretería por Temprado, a la luz y el verdor de la Soledad por la Plaza Nueva; desde la Triana elegante y atemporal del Cachorro y la O, al espectáculo sobrecogedor de la cofradía de las Tres Caídas de San Isidoro regresando por Francos, con nazarenos que te miran misteriosos tras el antifaz e incluso reverencian ante el buen amigo que contempla el paso del cortejo; desde la Semana Santa más auténtica en el retorno de Montserrat por Castelar-Molviedro a los sones bellísimos de Margot, al transitar fantasmagórico de la Mortaja por la noche oscura de Doña María Coronel...
-El mejor final posible bajo el paso de la Piedad de los Servitas, que una vez más hizo superar todas mis dudas y volvió a hacerme sentir costalero. Me consta que no paso de peón cumplidor y no me disloca este mundo del costal hasta el punto en que lo hace con tantos buenos amigos, pero sé a ciencia cierta que recoger los relevos y hacerse la ropa, cada mediodía de Sábado Santo, en el patio del colegio de Santa Isabel rodeado de los mejores es un privilegio que tengo la suerte de vivir. Nunca me cansaré de agradecérselo a quienes me dieron esa oportunidad.

24 marzo 2010

De azul y plata (publicado en la revista Sevilla Cofradiera)


No sé por qué cada noche víspera de Domingo de Ramos, cuando entro en San Julián y me recibe la trasera del paso personalísimo del crucificado de la Buena Muerte con la Magdalena a sus pies, siento ese cosquilleo nervioso en el estómago. No sé por qué ese instante, en el que el ajetreo desbordado de los preparativos florales llena de vida el templo, es para mí quizás el más feliz del año, aquel en que se toca con las manos lo soñado, pero a la vez aún no se vive como para poder sentir la nostalgia primera de perderlo.
No sé por qué aquellos capirotes azules despertaban en mí sentimientos tan especiales cuando, perdida en la embocadura de Sierpes la elegancia de Subterráneo, copaban la Campana de mi niñez cofrade. Quizá fuese el colorido de su cofradía, quizás esa composición perfecta a la par que sencilla del Señor en la Cruz contemplado por una mujer guapa y rota de dolor, quizá la belleza castiza de la Virgen de la Hiniesta... No lo sé, pero ya inmerso en la madurez cofrade siguió llamando mi atención el hecho de que siempre sentí como mía propia esta Hermandad de la que hasta hace poco apenas conocía algún hermano, que no se vincula al corte de las que siempre frecuenté, que no se ubica especialmente cercana a mi casa...
Nunca he sido hermano y quizá nunca lo seré porque no se rompa esa magia que siempre mantuvimos desde que la Semana Santa, a edad temprana, llamó a las puertas de mi corazón. La Hiniesta es para mí como ese amor callado e infantil del que disfrutas sólo con mirarlo, esa debilidad de todos conocida y por muchos compartida, esa imagen grabada de un día, de una fecha concreta, ese símbolo de lo anhelado durante todo un año...
Puede que el encanto de la Hiniesta radique en su sevillanía, proclamada tantos siglos atrás desde la altura de los montes catalanes. La Hiniesta de salida por el Pumarejo, por la calle Feria o enmarcada entre las columnas de la Alameda es Domingo de Ramos en estado puro. Sus dos pasos de regreso por Doña María Coronel, acariciados por el azahar de los naranjos y por la primera brisa de la noche primaveral, son estampa habitualmente recomendada de la Semana Santa de nuestros días y cita ineludible para buenos cofrades en las postrimerías de la jornada de los sueños cumplidos.
Sí, hay mucha Sevilla en esta cofradía, como la hay en su barrio de espadañas y huertos conventuales, de cal en las fachadas, de casas derruidas, de modernos bloques de pisos viveros de sus niños nazarenos, de tabernas y pequeños talleres artesanos. Será por eso, porque nací al amparo de ese manto de sevillanía, que al reencontrar cada Domingo de Ramos los primeros tramos de su extenso cortejo, vuelvo a sentirme el niño que descubre la emoción primera de la Semana Santa, desperezándose en el brillo refulgente de esa Estrella Sublime que vive por San Julián y viste de azul y plata.

25 febrero 2010

Aclaración

Pensé que no era necesario a estas alturas realizar esta aclaración, pero parece que -al hilo de mis últimas intervenciones- hay por ahí quien se confunde (o hace como que se confunde, que todo es posible en este mundo de las cofradías). Pregonero_de_Sevilla es Enrique Henares Núñez, no Enrique Henares Ortega. Fácilmente puede comprobarse que tanto nick como blog son muy anteriores al 8 de noviembre de 2008, día en el que se nombró a mi padre pregonero de la Semana Santa 2009.

Por tanto, todo lo que aquí se publica, sea acertado o desacertado, lo firmo yo y nada más que yo.

Pd: Una pena que no me terminaran por poner Álvaro...

19 febrero 2010

Dos pregoneros y un tabernero


De izquierda a derecha:

Enrique Henares Ortega: Abogado, cofrade, costalero y Pregonero de la Semana Santa de Sevilla 2009.

Fernandito del Rinconcillo: Tabernero, alma máter de la trastienda del templo del coronel, las espinacas y el pavía.

Antonio García Barbeito: Escritor, poeta, periodista y Pregonero de la Semana de Sevilla 2010.

La imagen la captó Reyes Morales en su taberna de la calle García de Vinuesa. No me dirán que no es de archivo.

16 febrero 2010

Apunte crítico cofradiero

Lo he escuchado esta noche –en ese programa cofrade que desde hace bastante tiempo no es ni la sombra de lo que allende fue- y todavía no me lo creo. El Jorge Javier Vázquez de las cofradías ha dado a conocer la publicación, por parte del hermano mayor de los Javieres en el boletín de su hermandad, de un artículo opinando sobre el Pregón de la Semana Santa y más concretamente sobre la persona que lo pronunciará este año: el escritor y periodista Antonio García Barbeito.
Parece ser que el artículo no deja muy bien parado al bueno de Barbeito, al que se acusa en el texto de no ser hombre de hermandades, ni de Iglesia, ni en definitiva la persona adecuada para anunciar a la ciudad su Semana Santa. De camino le pega un palito –sin nombrarlo, eso sí- al maestro Antonio Burgos y recomienda al Consejo de Cofradías que no se deje influenciar por la presión de ciertos medios de comunicación a la hora de nombrar pregoneros.
Me parece muy desacertada la opinión del hermano mayor de la cofradía de Omnium Sanctorum; no creo que este señor conozca en absoluto a Antonio García Barbeito para permitirse la licencia de opinar sobre su forma de vivir en cofrade y cristiano. Respecto a la recomendación al Consejo –si bien no puedo estar más de acuerdo con ella- no es el boletín de la hermandad el lugar indicado para exponerla.
Ni que decir tiene que la cosa no podía quedar ahí. Como en todo asunto polémico tenía que hacer su aparición para magnificarlo el gran gurú de la Semana Santa del siglo XXI: Don Fran López de Paz. Cuando todos los mortales no hermanos de los Javieres no teníamos ni puñetera idea del tema y seguramente nunca la hubiésemos tenido, llega este señor y nos lo cuenta (a lo cual tiene todo el derecho del mundo, como yo lo tengo a opinar). Por supuesto, no tarda lo más mínimo en pulsar la opinión del pregonero, el cual mete la pata hasta el fondo –así lo pienso, querido Antonio, y no tendré problema en comentártelo personalmente cuando nos tomemos esa copa que tenemos pendiente- manifestándose al respecto y haciéndolo además en un tono poco adecuado, descalificaciones de las formas ortográficas del artículo incluidas y negando la mayor de que la cosa le ha molestado, cuando el calentón era apreciable. Error de bulto en alguien que por su trayectoria personal y profesional se defiende sobradamente sin palabras.
Se cierra la entrevista. Profundo análisis periodístico del señor López de Paz acerca del posible origen de la historia, ver para creer: “En la Exaltación del Martes Santo que esta misma noche se ha celebrado en los Javieres no se toca el himno de Andalucía, sólo el de España; esto puede explicarlo todo...”. Si un Pregón –el de mi padre- en el que se defienden los valores cristianos es un mitin, ¿qué es un programa de cofradías donde se vierten reflexiones como ésta?
Como parte implicada no he alzado la voz, ni la alzaré más allá del anterior comentario, contra la campañita de este señor en contra de un Pregón de la Semana Santa que se pronunció el pasado 29 de marzo y que aún recordaba –qué ángel más grande el vuestro- a 28 de diciembre. Tampoco daré cabida en mi blog a ninguna de sus míticas sentencias (para eso ya está mi querido Fran Narbona al que no se le escapa una), pero quede aquí esta pincelada como muestra del bajón intelectual y de clase en nuestras cofradías. No quiero ni pensar lo que será de este mundo que tanto amamos cuando los que lo rijan sean esos kofrades a los que hoy forjan maestros tan admirables.

13 enero 2010

Decálogo de una escapada navideña a Madrid (a modo de coda al de la Gata)


1: Me reafirmo en que el Ave es un gran invento, no sólo por la corta duración del trayecto sino por lo entretenido que se hace éste escuchando a los cuentistas que dan parte a voz en grito de su vida a quien les ha llamado, ya sea para contarles el motivo de su viaje o para informarles –con grandes circunloquios y aspavientos- de que se están cagando patasabajo con tanta comida navideña.
2: Ya era hora de visitar Madrid para algo que no fuese ver toros, finales de Copa en verdiblanco –con o sin título al regreso- o simplemente pasear para hacer tiempo entre vuelo y vuelo. Nunca más me perderé por el centro de la capital. Tal y como comencé a comprobar en mis últimas visitas está todo mucho más cerca de lo que te imaginas o te dicen.
3: No intenten reservar mesa para comer en Lucio o en su restaurante hermano –el Viejo Madrid- en Navidad. ¿Creen que han llamado pronto? Pues no, está todo completo desde el día que llamas hasta el que te vas de vuelta a casa. No pasa nada, más pronto que tarde cumpliré mi sueño de cenar en Lhardy. De momento he descubierto el Mercado de San Miguel, que no está nada mal.
4: He visitado en el barrio de las Letras la Casa de Lope de Vega y no muy lejos de la Plaza Colón y del arranque de la Castellana la Casa-Museo de Sorolla (les recomiendo la visita a ambas). ¿Tan difícil es hacer algo parecido en Sevilla con otros muchos artistas que nacieron o vivieron aquí? Hasta “nacionalistas de la patria chica” como yo nos damos cuenta de estas cosas.
5: Me encanta la Gran Vía de noche. Alegra el espíritu salir un domingo a cenar y no sentirse extraño por estar en la calle en vez de viendo Gol al Gol o Estudio Estadio (que por cierto no sé si sigue existiendo).
6: Es increíble, pero con la de veces que había ido a Madrid nunca había visitado el Palacio Real (ni la tasca de enfrente a la Almudena). Mereció la pena una hora y media de cola con los pies helados y el paraguas en alto, su interior me sorprendió muy gratamente.
7: Lo que aquí es mono a mediodía de una cerveza bien fresquita o una copita de vino de Jerez –según la temporada- allí lo es de un vermú de grifo, a la Mahou que le den. Donde fueres haz lo que vieres.
8: ¿Por qué en Sevilla no hay cafeterías ni teatros en condiciones y en Madrid abundan tanto ambas cosas? ¿Quizá sean elementos muy rancios para una ciudad con un gobierno “de progreso” como la nuestra? El caso es que yo los echo de menos. Hace tiempo que vengo comprobando que me gusta acudir tanto a unas como a otros. No, si al final no voy a ser tan “nacionalista"...
9: Quien pasa unos días en Madrid –aunque sean de relax como los míos- y no se agobia un rato ni ha ido a Madrid ni na. El Prado con ciertas prisas o querer hacer tres cosas en una misma tarde son una buena ocasión para lograrlo. Doy fe.
10: Aunque sea una tontería y aunque te empiece a diluviar en ella sin que lleves paraguas y tengas que entrar en el Corte Inglés a comprar uno muy morantista, se siente algo especial en la Puerta del Sol sabiendo que horas después verás por la tele –como cada año desde que tienes uso de razón- las campanadas de fin de año marcadas por su famoso reloj.

Ya lo venía intuyendo hace algún tiempo, pero definitivamente y al contrario que a otros muchos, me gusta ir a Madrid.

24 diciembre 2009

Felices Pascuas

A todos los lectores de este blog, Felices Pascuas de la Natividad del Señor y de los Reyes Magos. Que en 2010 no falte la salud en nuestras casas ni el sol en lo más alto del Domingo de Ramos.

Abrazos y besos.

Enrique

15 diciembre 2009

De José Tomás y Sevilla


Puedo entender que este señor exija en lo económico lo que le venga en gana, ya que su presencia es garantía de interés en el ruedo; no de cartel de no hay billetes en las taquillas, que ése lo ponen igualmente todas las figuras y más en fechas como el Domingo de Resurrección.
Puedo entender que exija las ganaderías que va a matar; a fin de cuentas es lo que hacen año tras año algunos que no valen ni para estar escondidos. Lo que no entiendo ni entenderé es la chulería de un ganadero al decir que no viene sin él. Sevilla es mucho más que cualquier torero.
Puedo entender la negativa a torear con la televisión. A los tipos raros –y como éste hay pocos- se les perdonan estas extravagancias cuando están tocados por un don especial.
Lo de llevar alguien por delante de manera forzosa me empieza a parecer una falta de respeto a ciertos compañeros. No sé qué piensa hacer si aguanta varios años más. Aún así, cosas parecidas se han visto.
Que su apoderado ponga como condición que el contrato se firme en Barcelona –en contra de la norma de la empresa de Sevilla- me parece de chiste. En cualquier caso, a veces hay que ceder y romper tradiciones para conseguir las cosas importantes y Canorea y Valencia por esta vez lo han hecho; que digo yo que ya lo podrían hacer más veces y con otros asuntos a la hora de diseñar los carteles.
Entonces, ¿qué ha pasado? No me creo que un torero con la cabeza del de Galapagar, aceptadas todas sus condiciones, con una oferta económica importante sobre la mesa, se niegue a venir a Sevilla a torear la tarde en que cualquier figura del toreo sueña con hacerlo, no una sino mil veces. Me niego a creerlo, porque si lo hiciera José Tomás perdería todos mis respetos, y en ésta su segunda etapa en los ruedos se convertiría para mí en el torero de plazas de segunda que muchos detractores ven en él.
Como no me lo quiero creer, apuesto, y estoy seguro que los tiros van por ahí, a que el problema viene por el cabeza de cartel del Domingo de Resurrección, que en día tan señalado –como comprenderán Tomás y el señor Boix- no va a ser Manolo Sánchez, ni Finito (aunque esto no me hubiera extrañado), ni el Fundi, ni Padilla; si bien estos dos últimos merecen todos mis respetos y espero que también el de la empresa en la próxima Feria. Y claro, el que queda –aparte de que sería complicada su presencia- ya sería correr un riesgo absurdo... máxime si van detrás Morante, Manzanares o Perera. De ir por ahí los tiros, y por lo que he oído –que no leído- de fuentes bastante fiables creo que no me equivoco, mi enhorabuena a la empresa de Sevilla. Ya podían echarle los mismos cojones a Juan Pedro y sus toros jamón en repetidas entregas y a toreros como el citado Finito, Conde, Rivera y otros cuantos que van pintando poco por plazas de primera, serias claro.

01 noviembre 2009

Cuéntame

No soy un gran amante de la televisión. Desde niño, la prensa escrita y sobre todo la radio, ocuparon mi cupo de tiempo libre correspondiente a medios de comunicación. Pese a esto, qué duda cabe, que ha habido programas y series que me marcaron temporalmente; desde Daniel el Travieso y Campeones cuando niño, a El día después poco más tarde, sin olvidar la primera edición de Gran Hermano y alguna que otra de Operación Triunfo -que no pasa nada por confesarlo-, aunque de las últimas no pueda citar un solo concursante, sin duda fruto de la manía que les fui cogiendo paulatinamente a ambos inventos, sobre todo al programita de la Milá.
Soy algo adicto a las series españolas -pocas veces me enganché a una que no lo fuese- y entre estas fui y soy asiduo espectador de las que casi todos. Pero si hay una que bajo ningún concepto consiento perderme semana tras semana y de la que me declaro seguidor incondicional -creo que desde su segunda o tercera temporada- esa es Cuéntame como pasó. Fijaos cómo será la cosa que hasta tengo la colección completa de capítulos sacada por el diario El Mundo hace no mucho tiempo.
Mis amigos y las personas más cercanas a mi entorno lo saben y les encanta bromear con ello, pero para quienes no lo conocieran realizo la advertencia: que nadie ose molestarme lo más mínimo en jueves de temporada Cuéntame a partir de las diez. No tengo tiempo más que para los Alcántara, mis guías por una España que nunca conocí.

05 octubre 2009

Qué mejor homenaje...


Hace unos cuantos meses recibí a través de Facebook la noticia de que se estaban recogiendo firmas para dedicar una calle a nuestro querido Antonio Garmendia. Ni que decir tiene que rápidamente me uní a la propuesta. Pocos días después cancelé mi participación en dicha red social, donde -dicho sea desde el respeto y el reconocimiento a la labor de los ideólogos de la iniciativa- mi presencia encajaba casi tan poco como aquella del maestro en Nueva York, de la mano de su amigo Carlos Herrera. Mi granito de arena estaba puesto.
Para los que amamos las cosas de Sevilla, Garmendia siempre ha sido un referente. No sólo por el hecho de que pronto le observamos como cronista y fedatario de aquellos asuntos de nuestro interés, sino por dar a conocer los mismos a través de un estilo único y personal, cargado de gracia e ironía, y barnizado de una fina elegancia que le hacen precursor de las formas que, en ciertos textos y circunstancias que se prestan a ello, utilizan hoy algunos de los mejores periodistas locales.
Aunque cualquiera que le viera pudiera pensar lo contrario, don Antonio era Sevilla pura. Su ciudad soñada se encerraba en aquellas misteriosas libretas que, acompañadas de bolígrafos multicolores, paseaba por las más clásicas tabernas del centro, de cuyo paisaje urbano llegó a convertirse en figura imprescindible. Ajeno a toda oficialidad, Garmendia fue un cofrade excepcional. Su peculiar forma de escribir de cofradías quedó ampliamente reflejada en las páginas de nuestro periódico, principalmente en las de los especiales de Semana Santa, con los que colaboró activamente hasta pocos días antes de su muerte, el miércoles de Feria de 2007.
Lo fácil, porque además es cierto, sería decir que Garmendia se merece una calle en la ciudad que amaba por su prolífica labor como escritor y colaborador de periódicos y revistas locales; e incluso por esa habilidad admirable que le hacía capaz de escribir romances lo mismo a un pavía que a su cofradía de Santa Cruz. Pero, más allá de todo esto, me uno a la reciente apreciación del también colaborador de Casco Antiguo Paco Correal: la calle de Garmendia es “una calle para quien calle era”. Pues eso, qué mejor homenaje...

Sirva este artículo, que hace sólo unos días vio la luz en las páginas de Casco Antiguo, como homenaje al amigo Lacava, alumno aventajado de esa escuela creada por don Antonio donde la gracia, la guasa y la elegancia se dan la mano, algo bien complicado. No tardes en volver, porque de que lo harás estoy seguro.

19 septiembre 2009

Don Luis Rey


Sabrán por la prensa de la muerte -días atrás- de don Luis Rey Romero, director de mi colegio entre 1977 y 1997; veinte años en los que se integran los ocho inolvidables en que fui alumno de San Francisco de Paula (1986-1994). Por ello -y pese a que desde hace doce su puesto es ocupado por su hijo-, el bueno de don Luis siempre fue para mí y para todos los excelentes amigos que en el colegio hice "nuestro director".
En la triste hora de su fallecimiento, mucho se ha descrito por parte de antiguos alumnos y numerosos periodistas su impagable labor docente, científica y si me apuran -por encima de todo- humanística; y es que don Luis, más allá del brillante hombre de ciencias, era un profesor culto y sensible, capaz de apreciar y destacar algo tan sencillo y cotidiano como la forma de leer en voz alta de un niño recién iniciado en esas lides.
Hoy, más de dos décadas después de aquello, a ese niño, que nunca fue su alumno de forma directa y que apenas cruzó con él cuatro o cinco palabras pese a verlo a diario por patios y pasillos durante muchos años, no se le ocurre otra forma de homenajearle que dándole las gracias. Dándole las gracias por mantener, durante su etapa al frente de San Francisco, la esencia de difícil explicación que hizo del nuestro un colegio diferente, mucho más allá de los resultados destacados de sus alumnos y de la organización de actividades pomposas...

14 agosto 2009

Tres retablos agosteños


Sevilla, 5 de agosto de 2009: Noche cerrada y calurosa. Oscuridad absoluta. Por el patio de la Facultad de Bellas Artes resuenan versos de un poeta nacido en San Lorenzo. Acabamos de visitar por vez primera su tumba, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, donde nos hemos topado –entre otras muchas- con la de la Fernán Caballero (escalofríos a sabiendas de sus apariciones fantasmagóricas por aquellos lugares). No sólo las musas y la mejor literatura romántica se dan cita en la que fuera vieja Universidad a lo largo de la hora y cuarto de espectáculo, también lo hace mi habitual reflexión en torno a lo mucho que me hace disfrutar el teatro y las pocas oportunidades que tengo de acudir. Además, por si fuera poco, la experiencia me ha animado a redescubrir a Bécquer en estas largas tardes estivales.
El Puerto de Santa María, 7 de agosto de 2009: Va cayendo lentamente la noche sobre la que los cursis y el impresentable de su empresario gustan llamar ahora “Plaza Real”. A Morante le acaba de pegar una cornada en el muslo un sobrero colorao de Mari Carmen Camacho con el que estaba impregnando del barroquismo más puro la templada brisa gaditana. Hasta el traslado a la enfermería es una estampa antigua y llena de sabor en este torero de la Puebla. Le llevan en volandas auxiliares y compañeros, entre los que se esconde El Juli vestido de calle. “Santa Marta taurina” ha titulado mi amigo Ernesto Naranjo –su autor- a la curiosa estampa. Dentro operan al torero artista; fuera Manzanares da una lección de temple y de valor sin aspavientos. Tío José vuelve a hablar desde su azulejo de la Puerta Grande...
Sevilla, 12 de agosto de 2009: Visión lejana de la Virgen en su palio de tumbilla desde Mateos Gago, donde hemos parado a refrescarnos. Como cada año, gustamos de acudir una noche al final de la Novena. Ya no se abren todas las puertas de la Catedral y el movimiento de los abanicos es más intenso. Acaba el culto tras el canto del Himno; la Reina de Reyes recoge las plegarias de todo el que se acerca hasta sus plantas. Hay una señora junto al Altar Mayor, cubierta por un velo negro, que le reza desde la distancia. Otras tantas se acercan al vicario general que, ropajes sobre el brazo, acaba de salir de la sacristía; le preguntan por qué no ha hablado el cardenal aún estando presente. Si no fuera por esos horribles cordones de seguridad que acaban de abrir todo lo descrito se podría situar en las naves catedralicias de la Vetusta de Clarín.
Mañana es 15 de agosto. El Blog de Pregonero cumple tres años de existencia.

22 julio 2009

Carmen de San Gil


Por aquello de que sale un Domingo de julio: día de playa, toros en El Puerto o en su defecto de aire acondicionado en Villa Alfalfa, nunca la incluí entre esa colección de Vírgenes de Gloria con las que tengo una cita ineludible año tras año. Pese a todo, siempre que acudí a verla, me cautivó por su humilde belleza y sencillez.
Este año, la novedad de la ráfaga -que en mi opinión le resta personalidad- y "la autoridad" del barrio de la Feria (a la que cualquiera deja sin ver un paso de intramuros), me hicieron buscarla a la caída de la tarde. La encontré en una de esas revueltas macarenas cuyas calles nunca llegas a recordar como se llaman, y pude disfrutarla plenamente en Relator y en la anchura y el sabor a barrio del Pumarejo. Había sido larga la ausencia, pero sólo divisar a lo lejos la sevillanía y el sabor a viejas Madrugadas de su altos candelabros me hizo revivir glorias pasadas.
La tarde suele ser asfixiante, ya se sabe que de Virgen a Virgen las calores son más calores, pero si pueden no se la pierdan de aquí a que pase un año y vuelva recorrer su universo cercano. Pocas procesiones de Gloria más auténticas y atemporales que la suya podrán encontrar ya.

08 julio 2009

San Fermín 2001


Desde niño, por estos días, tengo una sana costumbre compartida con varios amigos y que a otros les cuesta asimilar. Aún sin tener por qué madrugar entresemana -no es el caso de este año ni de otros muchos- mi despertador suena bien temprano, sábado o domingo inclusive, para disfrutar de los encierros de San Fermín.
La retransmisión de Televisión Española -desde el pasado año me he pasado a la de Cuatro- me hizo familiarizarme durante toda una década, no sólo con los anuncios publicitarios navarros o sanfermineros, sino también con el conjunto de viejas calles de una ciudad norteña -Pamplona- que, aunque sólo fuese por servir de marco a esos encierros con los que, año tras año, arrancaba para mí la temporada veraniega, deseaba conocer.
A veces los sueños se cumplen. Pasada la Feria de 2001, un amigo y compañero en el grupo joven de las Penas nos sorprende diciendo que contamos con alojamiento gratuito para San Fermín en un piso de chicas estudiantes situado en la mejor zona de la ciudad, muy cerca de la Universidad de Navarra. Recién terminados los exámenes de primero de carrera, allá que nos fuimos el 6 de julio (día del chupinazo), con los sacos de dormir, lo justo de ropa en la mochila y un bocata para el tren a cuestas, en un Talgo camino de Zaragoza. Tras un breve paseo por la capital maña, llegamos a Pamplona, a bordo de otro tren lleno de cafres, en la anochecida del primer día de las fiestas. Apenas sobrepasamos las 48 horas allí (el dinero no daba para más), malcomimos y de dormir ni hablamos. Pero, casi sin esperarlo, tuvimos el honor de disfrutar del ambientillo que rodea al encierro y sus preliminares y de las tardes de charanga por el centro, mientras en la plaza se celebran las corridas de toros. La noche, todo sea dicho, se vivió también, pero no me resultó especialmente recomendable. Parecía increíble, pero estábamos formando parte de lo que tantos años llevábamos viendo por la tele, mañana tras mañana de primeros de julio.
Hace poco, por tuenti, vimos algunas fotos de aquellos días inolvidables. Casi irreconocibles, con menos kilos, más pelo y lo que es peor, con sólo veinte añitos, nuestras caras en la calle Estafeta con el pañuelico rojo al cuello reflejaban la felicidad de estar viviendo algo histórico. Es difícil volver, y más aún hacerlo en las condiciones -mucho más cómodas y pretenciosas- en que uno desearía hacerlo ahora. Nunca se sabe... Al menos, mis cinco amigos y yo, siempre podremos decir que estuvimos en Pamplona durante los Sanfermines de 2001.
Nota a posteriori: a Daniel Jimeno, que se dejó la vida en el encierro del 10 de julio de 2009, tras ser corneado en el cuello por el toro 'Capuchino', de Jandilla.

04 julio 2009

No soporto el verano


Desde que tuve uso de razón nunca fuimos muy amigos. Mis recuerdos veraniegos se vinculan a las clases particulares, el estudio matinal de las asignaturas pendientes y a las tardes largas y soporíferas, a Dios gracias, desde lejanos tiempos, refrescadas por uno de los mejores inventos del mundo: el aire acondicionado.
El Club Náutico, y alguna que otra noche de tapitas por zonas de Sevilla que durante el resto del año no frecuentaba, me hacían esperar con ilusión determinados días del tiempo del aburrimiento y "la caló". La Antilla, Rota, El Puerto, Cádiz o la Costa del Sol solían poner el contrapunto, nunca excesivos días, a aquellas jornadas tan distintas a las acostumbradas durante el curso. Hoy de la playa me gustan pocas cosas más que los paseos por la orilla del mar y los baños en la atardecida; los mediodías de sol sobre la arena constituyen para mí uno de los peores tormentos cotidianos y hace algún tiempo que los evito.
Actualmente los veranos me sirven para reflexionar, ordenar ideas y soñar buenos propósitos, que a veces cumplo y otras veces no. Ni que decir tiene que, más últimamente en que mis cursos contienen otras ocupaciones además de la carrera, también me sirven para estudiar; eso sí, espero que no por muchos más que éste y acaso el que viene. Las tardes ya no me aburren tanto como en los viejos tiempos: leo, escribo, navego por internet buscando alguna escapada taurina agosteña, organizo sobre organizado mis archivos -que es la forma que tengo de llamar a mis papeles, recortes, recuerdos y asuntos sevillanos y no sevillanos-, y casi a diario, a la caída de la noche, suelo salir con Ana a tomar algo, o simplemente a pasear. Al contrario que me ocurre en las tardes de Feria o en las mañanas tempranas de los domingos, la soledad de las calles los fines de semana veraniegos me deprime. Me choca ver esquinas, barrios, bares que en invierno son un hervidero humano tan vacíos.
En definitiva, no soporto el verano. Por mucho que me insistan sigo sin encontrarle ningún encanto a vivir chorreando en sudor o encerrado en un aire acondicionado. Menos mal que, cuando el sol se esconde, ella -recién salida del tirador añejo de cualquier "templo" de obligada visita- cura todos mis males.