
Sabemos de sobra que son inofensivos, que no deben tener el más mínimo atisbo de inteligencia para aprovechar este momento en que a cuatro iluminados se les ocurrió recordar donde está enterrado Queipo, ese señor que parece que murió antesdeayer, porque de repente a una legión de rojos les ha entrado una preocupación inmensa porque no descanse en una iglesia. ¿Qué les importa a ellos la Iglesia? Al menos me refiero a quienes realizan públicamente esas defensas desmedidas de la muy oportuna (como casi todo lo que hace) Memoria Histórica del señor Rodríguez.
Sabemos de sobra que no tienen ideología ninguna, son payasos absurdos que buscaron el instante de gloria que desgraciadamente les hemos dado, el de ver reflejadas en los periódicos la fotografía del azulejo ya limpio y la noticia de la quema del póster. Quienes así actúan no pueden tener ni un ápice de formación y por tanto es imposible que maduren sus actuaciones. ¿Qué culpa tendrá la Macarena? Ella que nunca supo de guerras y que a todos acoge entre quienes le adoran, que son legión. ¿Qué les importa a ellos el fajín que luzca, si en su gran mayoría se acaban de enterar de su existencia? ¿Pese a su manifiesta torpeza, tan complicado les resultará asimilar que todo lo que tiene es suyo y de nadie más?
Pero en toda esta historia hay unos culpables con nombre y apellidos. No son otros que quienes permiten que en la calle Pedro del Toro, en pleno corazón del barrio más históricamente señorial de una ciudad, vivan unos ocupas asquerosos, en contra de la ley, que lanzan huevos contra una cofradía de gloria.
La tiene quien con poco más de 25.000 votos, vamos con poco más del apoyo de la mitad de las personas que van al fútbol en Sevilla los domingos, se cree en el derecho, no de gobernar que desgraciadamente lo tiene, sino de faltar el respeto a una ciudad mayoritariamente cristiana y que por mucho que intente impedirlo seguirá celebrando la venida al mundo del Señor con el nombre que siempre la conoció.
La tienen, a la postre y a escala nacional, quienes han reabierto heridas más que olvidadas. Heridas de ambos bandos, cerradas hace años por el bálsamo de una Constitución democrática. Pero claro, para entender eso hay que tener luces y estos culpables es evidente que tienen casi tan pocas como vergüenza, que ya es decir...